¿Merece la selección española el Premio Príncipe de Asturias?
Serán los galardonados con este premio, no hay duda de ello. Son merecedores de ser premiados aunque no creo que este sea el momento. Ni es el momento de la selección ni tampoco de Pau Gasol sino el momento para premiar a Andre Agassi, que cumple a la perfección toda una carrera de 21 años repleta de éxitos y de fracasos. De momentos que rozaba un gran tenis con momentos parado por las lesiones. Un tenista, en definitiva, el único en activo que ha ganado todos los torneos de Gran Slam.
El Premio Príncipe de Asturias es el galardón institucional más importante que se otorga en España, sobrepasando con mucha diferencia a los Goya en el cine o al premio Velázquez en las artes plásticas o al Premio Planeta en la literatura. Es un galardón que no debe ser sensible únicamente a la repercusión mediática en el territorio nacional sino que por filosofía debe ampliar su perspectiva a la esfera global. Este premio, en acorde con su grandeza, debe aspirar a ser un evento de repercusión internacional aunque para ello no se valore a lo acontencido en España. Si bien debe tener preferencia, no debería existir una discriminación como podría ser no otorgar el galardón a un sujeto que reune más méritos.
En definitiva, no considero que el premio deba ser sensible ni a las modas ni a las presiones mediáticas. El galardón no está para valorar el hecho deportivo o social más sonado del año, de la misma manera que los premios Nobel no premiaron a Camilo Jose Cela el mismo año que publicó la Colmena, la selección española no debería ser premiada actualmente. Como tampoco lo ha sido esa generación que ganó sendas platas en el mundial de Cali en el 82 y en los Juegos Olímpicos de Los Angeles en el 1984. Como tampoco han sido galardonadas ni la Quinta del Buitre ni el Dream Team cuyas apariciones supusieron un antes y un después en el fútbol. Tampoco hubo un reconocimiento para los Juegos Olímpicos de Barcelona en el 92 cuyo legado tanto social como urbano como deportivo fue tremendamente importante. De la misma manera que se ha premiado a Fernando Alonso en un momento que no era campeón del mundo mientras que no se ha premiado a Carlos Sainz que lo fue dos veces y se quedó a las puertas otras tantas.
Cito ejemplos de hechos que hubieran sido merecedores de ello y no lo fueron. Mientras, se comprueba que se ha premiado una competición lastrada por el dopaje, El Tour, se premió a Lance Armstrong antes de tiempo o se ha premiado una selección de Brasil que ganó un Mundial sin pena ni gloria como fue el de Corea y Japón. Es decir deportistas, colectivos o instituciones premiadas más por su repercusión mediática que por los valores que transmitían. Una transgresión respecto al ideario del galardón en el año 1981. Porque lo mediático representa la unanimidad aunque los galardones si algo tienen es la controversia de la decisión tomada y la polémica que se genera una vez dictaminada, hecho distinto a lo generado por el populismo, la demagogia y la banalidad de hoy día.
Centrándonos en lo deportivo, suena a una tremenda ironía que después de sodomizar a un deporte durante tantos años en España, tanto mediática como económicamente, ahora se intente un acercamiento sibilino hacia el baloncesto. Y además por los medios más represivos contra este deporte, desde Prisa hasta el Ente pasando por Recoletos, curiosamente miembros del jurado de este galardón en su categoría deportiva. Seguramente buscan esa popularidad que ha obtenido la televisión que retransmitió íntegramente la competición.
No discuto que el baloncesto merezca una oportunidad como esta. Pero creo que si se premia al baloncesto hay hechos, sujetos e instituciones en el baloncesto que deberían disfrutar de su momento y que no se ha hecho justicia. Desde Diaz-Miguel, la Penya, el Ramiro de Maeztu, Raimundo Saporta, Salvador Alemany, Aíto Garcia Reneses, el Barça de Solozabal o el Madrid de Fernando Martín, cuyo legado fue mucho más importante y que sí ha perdurado en el tiempo y en la memoria colectiva del baloncesto. Porque ante lo más sonado del año un galardón de esta categoria se debería valorar más los intangibles póstumos del hecho deportivo. Y la selección si algo tiene es futuro, por lo que quizás mejor otra ocasión no sea que se les tenga que otorgar dos veces. ¿Lo merecerían?
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