lunes, mayo 07, 2007

El baloncesto visto a dos metros de altura


El baloncesto cambia, evoluciona. Del baloncesto sabemos que es un deporte extremadamente conservador en sus orígenes. Poco dado al cambio y que tanto es así que los entrenadores que brillan ahora, lo hacían hace ya tres lustros. Estaremos o no de acuerdo en sí el baloncesto es mejor o peor, pero la realidad es la que es. Reflexionando un día después de lo sucedido en la Final Four llegan las voces sobre un cambio de tendencia. El dominio de los bases. Lo que antes servía, o sea un base de 1.92 m de altura, con buena visión de juego y que sea capaz de dominar ambas manos para el bote sirve ahora pero la especie evoluciona. Al base ahora se le debe exigir fortaleza física y que sea capaz de postear, liderar, anotar y penetrar. Si antes era Nacho Solozabal o Sasha Djordjevic los paradigmas del baloncesto europeo ahora la especie evoluciona y pide a gritos jugadores como Papaloukas o Diamantidis. Pero nada ha cambiado.

Nada ha cambiado porque hace ya más de diez años que se viene reflexionando sobre la altura de los bases. El baloncesto europeo ha crecido ante el control de la posesión. En eso estamos de acuerdo. Pero un visionario nacido en Catania en 1959, después de ganar la medalla de plata como seleccionador italiano en 1997 en el Eurobasket de Barcelona y robar mi admiración eterna, marchó a la Virtus de Bolonia, por aquel entonces patrocinada por la chocolatera Kinder, y asentó lo que serían los cimientos del baloncesto contemporáneo. En aquel entonces, la temporada 1997-98 construyó uno de los equipos más potentes de los últimos años. Un equipo que contaba con Danilovic, Abbio, Montecchia, Schonochini y Nesterovic. Figuras todas y cada una de ellas pero lideradas por un base de 2.01 apodado el Rey. Antoine Rigaudeau.

Esa plantilla marcó mi adolescencia en este deporte. Con Rigaudeau en la dirección la Virtus ganó dos Euroligas, 2 Legas y 4 Copas de Italia. La aparición y aportación del genial base francés hizo en su momento que se reflexionara sobre la evolución de los bases. Si era necesario apostar por jugadores tan altos y confiarles a ellos la dirección de los equipos. Se llegó a la conclusión que dependía del patronaje de los equipos. La selección china, por ejemplo, apuesta por la altura en los bases, mientras que la selección española, que es la vigente campeona del mundo, tiene unos bases poco físicos, muy talentosos pero que no exceden el 1.91 de altura. Depende del baloncesto que se juegue, es necesario, o no, disponer de un jugador de tamaña envergadura. A la selección española de momento no le hace falta, quién sabe si en un futuro será necesario.

No todos los jugadores de 2 metros son capaces de hacer las funciones de base. Defensivamente pueden ser muy interesantes ya que, siempre, tendrán superioridad ante el contrario. Ahora bien, en la transición ofensiva es cuando se observa si un jugador de esa altura es capaz de ello. Principalmente porque carecen de la agilidad de un base más pequeño. Un secreto que parece que los chinos todavía no han descubierto y parece ser que tardarán en hacerlo. Todo jugador con esta envergadura está destinado a perder balones en la transición, y sólo aquel que es capaz de garantizar la posesión acaba asentándose en el puesto. Hasta la fecha, pocos lo han conseguido en Europa. Rigaudeau, Bodiroga, Planinic, Papaloukas y Diamantidis.

En España faltan jugadores de este perfil, es un problema de cantera. Todo jugador que se calcula que llegará a los dos metros se les excluye para la posición de base. Todos acaban siendo aleros, y habría que cuestionar a entrenadores de equipos inferiores el motivo. En la ACB no hay bases de este tipo pero hay jugadores que pueden realizar las funciones en un momento muy puntual. Uno de ellos es Javier Mendiburu, jugador del Estudiantes y curiosamente formado en el baloncesto universitario de Estados Unidos. Sólo hay un pero, tiene 26 años y todavía no ha despuntado, aunque también a esa edad Rigaudeau dió el salto a un equipo grande. Sólo falta que Mendiburu encuentre a su Messina particular.



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Una solemne entrega de corona



Una larga ceremonia para discutir quién era el campeón de Europa. Después de dos horas y cuarto de partido, Panathinaikos ha ganado la Final Four en su pabellón, el OAKA, y ante su público en Atenas. Panathinaikos gana su cuarta Euroliga, tres bajo la dirección de su entrenador Zeljko Obradovic que ha vuelto a dar una exhibición de poderío táctico. Un Zeljko Obradovic que con la de hoy suma 6 entorchados en esta competición. El indiscutible rey de esta hermosa competición y que convierte al Panathinaikos en el quinto equipo con mejor palmarés de esta competición. Y sólo en 8 temporadas.

Una hermosa final, cuya corona ha sido entregada de manera solemne entre los dos líderes griegos en la pista. Papaloukas, Aquiles, 23 puntos, 8 asistencias y 5 faltas forzadas,se la ha cedido símbólicamente a Diamantidis, Patroklo, 16 puntos, 5 asistencias, 3 rebotes y 6 faltas forzadas. Así finaliza una temporada de baloncesto internacional en Europa. Con mucha simbología, eso sí, pero tenemos cambio de rey.



La profundidad de la plantilla de Obradovic supera a las individualidades de Messina.




La final ha estado a la altura. Y no en cuanto a puntos, que los ha habido ya que un marcador de 93 a 91 lo corrobora,sino en cuanto a situaciones. En esta final ha ocurrido de todo, defensa, ataque, presión ambiental, público enfurecido y jugadores sacados de su órbita. La noche del baloncesto total. Y todo de la mano de Papaloukas liderando al CSKA y de Diamantidis haciendo lo suyo con el Panathinaikos. Ambos representan el paradigma del baloncesto control, el tomar las riendas del equipo y sobretodo el no querer esconderse en los momentos más delicados de la final. Ha sido una final que han dominado los dos equipos, cuyas diferencias no han ido más allá de los 10 puntos en ambos lados y que se ha convertido en un auténtico diálogo de tú a tú entre los dos mejores equipos de Europa.

Los primeros veinte minutos, para aquellos que no los hayan visto en toda España con Teledeporte, se han convertido en un caudal de motivos relacionados con este deporte. Juego intenso, acierto por ambos lados tanto en el lanzamiento exterior como bajo los aros. Panathinaikos ha construido su juego en torno a la diversidad de argumentos. Recursos construidos bajo la tutela de Diamantidis, la perseverancia de Siskaukas y la clase de Dejan Tomasevic. Los tres inamovibles donde rotaban jugadores como Chatzibretas, Milos Vujanic, Sani Becirovic, Michael Batiste y Demos Dikoudis. Todos y absolutamente todos han sido protagonistas y la victoria final no se debería entender sin ellos. Ocho jugadores absolutamente imprescindibles.

Y esta pluralidad ha destrozado al equipo más solidario del baloncesto europeo como es el CSKA de Ettore Messina. Hasta tal punto que esta solidaridad se ha convertido en abuso. Del altruismo se ha pasado al egoismo. De lo plural del Panathinaikos a lo singular de Papaloukas, tanto que se ha visto sólo en la final. Casi llegan a empatar, y todo porque ha aparecido el francotirador de Alaska con 3 triples consecutivos a cuál más imposible. Pero no se ha sabido nada de Smodis, sólo tres canastas, ni de David Andersen, apenas 4 puntos, ni de Oscar Torres, ni de las torres espigadas, Savrasenko y Van der Spiegel. Anotaron 91 puntos, sí es cierto, pero no han dado sensación de dominio. Y eso es mérito de Obradovic.

Pese a la carencia de dominio, el CSKA ha llevado el partido al terreno que más le convenía. La confusión. Y ahí es donde se agradece el saber de Papaloukas agitando el ambiente e introduciendo a los árbitros en el juego. Lejos de esconderse ha hecho uso de la provocación y de la exageración. Un arma reprobable pero que gracias a ello a su equipo le ha permitido respirar y acercarse en el marcador. Papaloukas gracias al dominio de los intangibles había conseguido lo más dificil, remontar 10 puntos de diferencia en apenas 5 minutos del tercer cuarto. El CSKA gracias al confundir al rival sólo con dos faltas y una presión asfixiante se había metido de nuevo en el partido. En ese momento el baloncesto europeo había llegado a la cúspide de la excelencia.

El partido hubo dos minutos que podía haber decantado la eliminatoria a favor del CSKA, pero entre la experiencia de Obradovic, las piezas que atesora, el cargar de faltas a Oscar Torres para romper el equilibrio moscovita y sobretodo el negar participar a David Andersen provocó que el Panathinaikos no se relajara y dominara de nuevo la final. Obradovic consiguió un imposible, reducir a un equipo equilibrado en un conjunto de buenas individualidades. Y sólo por eso merecieron ser los justos vencedores y el rival a batir de cara a Madrid 2008.


Un ambicioso Unicaja sentencia a un TAU frustrado que toca fondo.





Maljkovic ha hecho tocar fondo a este Baskonia. No es que sea el centro de todos los males del equipo vitoriano pero sí es cierto que muchos los ha provocado. El principal ha sido la demolición del proyecto de Velimir Perasovic. Un proyecto que contaba con un base de dos metros, el mejor base nacional y el jugador decisivo que antaño carecía. Un proyecto que contaba con músculo, talento y mentalidad. Un proyecto que maravilló en los primeros meses de la temporada. Un equipo poético que dió recitales en el Martín Carpena, por dos veces, al Barça en el Palau, al Olympiakos en la Paz y la Amistad y al Maccabi en la Mano de Elías. Y que la temporada pasada se clasificó para la Final Four ganando al Panathinaikos en un OAKA más temible que el del viernes. El Baskonia era un equipo muy digno y Boza lo ha matado.

El Baskonia de los últimos días no tiene ni carácter ni autoestima. Y esa es una virtud que estaba introducida en el ADN del equipo por Dusko Ivanovic precisamente. Por eso falló el Baskonia, pero el principal motivo fueron las decisiones de Maljkovic. De ayer no se puede hacer leña del árbol caído. Un TAU dominador que se vió sorprendido por la ilusión del Unicaja. El equipo de Scariolo quería ser tercero, el Baskonia no quería ser nada. Pese a hacer saltar a Alfonso Sánchez durante 11 minutos para defender a Planinic, lo que provocó que Planinic le diera una lección de baloncesto al joven jugador malacitano. Pero Unicaja como últimamente, sólo vive gracias al lanzamiento exterior de Tusek y el estado de gracia de Pepe Sánchez y Marcus Brown. No tiene poderío interior, ni ofrece dominio, sólo es un conjunto que juega a la lotería y que gana casi siempre. El Unicaja es un equipo muy afortunado y que no es consciente del valor de su base argentino.

Y lo que son las cosas, el equipo con más derrotas de los ocho mejores de la Euroliga se convierte en el tercero en la fase final. Mucho premio para los de Scariolo y un castigo severo para Querejeta, que, tiene dos opciones. Cesar a Maljkovic y soñar con Mahmuti o darle carta blanca y deshacer todo lo que Perasovic y Alfredo Salazar con ilusión construyeron.


Las valoraciones de la Final Four del Baskonia por Velimir.




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sábado, mayo 05, 2007

Para ser campeón hay que aprender a querer ganar





Final previsible para unos, cantada por otros, pero final al fin y al cabo. CSKA y Panathinaikos frente a frente, o lo que es lo mismo, se miden el campeón frente al equipo que más ha querido enfrentarse a él esta temporada. No argumentaré sobre si son los idóneos para ocupar las plazas de esta final sino sobre la insuficiencia de los otros dos aspirantes. Tanto Unicaja como TAU no han estado a la altura. De Unicaja se podía esperar, y aún así ha plantado batalla, pero del TAU no. El Unicaja suficiente tenía con presentarse a la fase final, el Baskonia sin embargo tenía la obligación de presentar batalla. Y no lo ha hecho, es más, en mí opinión ha hecho un ridículo estrepitoso. Sé que muchos apuntaran que el Baskonia por su envergadura ya hace suficiente con llegar. Y no.

El Baskonia se merece que se le exija lo más alto, tanto a los jugadores como a los entrenadores. La grandeza exige evitar el conformismo gracias a la ambición. Ese es el reto del Baskonia, reto que aprendió el Barça gracias a Pesic, el CSKA por Ettore Messina y Bozidar Maljkovic llegó a Vitoria para enseñarles a querer ganar. Para ser campeón hay que soñar con ello, y el Panathinaikos llevaba un año queriéndolo ser. Europa no corona a un rey con miedo a recoger la corona y en el Baskonia, a partir de jugadores, entrenadores, afición, directivos, organismos públicos y, sobretodo, Querejeta deben reflexionar sobre ello. Dicho de otro modo, el actual Baskonia debe dar el salto de la adolescencia a la edad adulta y a actuar como tal. En definitiva, el Baskonia necesita cuanto antes saber que quiere ser de mayor.

Por otra parte se confirma una vez más una de las leyes no escritas de este deporte. Las plantillas ayudan a no perder partidos, las estrellas a ganarlos y los entrenadores a ganar precisamente lo más difícil, las finales. Ayer Messina y Obradovic rescataron los manuales de buena defensa en el baloncesto. No hizo falta ni la marrullería ni la trampa. De un equipo como el de Messina me lo esperaba pero francamente en un equipo griego como el Panathinaikos y siendo el anfitrión daba por seguro el uso de los intangibles. No fue necesario y por eso la final del domingo será justa, necesaria y seguramente una de las mejores finales que se recuerden.


Obradovic le enseña a leer a Bozidar Maljkovic





Ganó el Panathinaikos y lo hizo de una manera muy inesperada. Defensa de libro e incidiendo en las debilidades del Baskonia. Obradovic dió una lección de cómo ganar en una Final Four, y lo más cruel de todo es que le dió un soberano repaso a Bozidar Maljkovic, principal culpable del ridículo del Baskonia. No señalo ni a jugadores ni a aficionados, no, Maljkovic ayer plantó tácticas suicidas y evidenció una mala planificación del partido. Defensas que autoinmolaban las posibilidades del conjunto vitoriano. Ataques y tácticas preconcebidas. No hubo ni una transición que no estuviera en la mente de Zeljko Obradovic. Y es que, sorprendentemente y en una final, el Panathinaikos se sabía de memoria todos, y absolutamente todos, los movimientos del Baskonia.

Obradovic sabía las intenciones del TAU. Balones interiores a Scola que recibiera de espaldas y para ello blindó la zona con dos pivots juntos que evitaban cualquier amenaza del pivot argentino. A parte de eso el Panathinaikos instaló una linea defensiva alrededor del perímetro perfecta. Una línea Maginot que impidiera el juego exterior baskonista. Fue una defensa tan eficaz que el Baskonia agotaba las posesiones sin lanzamiento, anulaba la conexión Prigioni y Scola y aniquilaba el poderío exterior de los de Maljkovic que sólo anotó 4 triples. Bagaje muy pobre de un equipo que hacia de la diversidad ofensiva su principal arma.

Defensivamente el Baskonia se plantó con su zona 3-2, con su sistema habitual de Splitter y Scola bajo aros y Prigioni, House y Rakocevic en las alas. Ni rastro de Planinic que sólo jugó de base y para más inri sustituyendo a Prigioni convaleciente de un golpe. Planinic sólo jugó 20 minutos, escasos para un jugador que se le contrató para jugar 25-30. Hacer de Planinic un base suplente se convierte en una broma de mal gusto para los aficionados baskonistas. Y más cuando se trata del jugador diferencial del Baskonia. Si Perasovic consiguió hacer de la dupla Prigioni-Planinic situarla al nivel de Holden-Papaloukas con Maljkovic hizo, de la pareja ,situarla, de manera gráfica, al nivel Lakovic-Ukic en el Barça.

Todo ello con un cinco inicial que creaba dificultades al equipo griego pero que Obradovic no tardó en resolver. Situó en pista al eterno Alvertis en pista. 7 minutos bastaron para que la veteranía, gallardía y pundonor del capitán heleno generara dudas a los baskonistas. Principalmente a su entrenador que blindó la defensa con un sólo hombre alto, Peker, y protegiéndolo dejando el perímetro totalmente descubierto. Invitando al Panathinaikos a lanzar desde el exterior a lo que gustosamente respondió Obradovic con poner en pista a tiradores de la talla de Becirovic, Vujanic y Diamantidis en pista. Majkovic había conseguido con esta invitación convertir el OAKA en Stalingrado. Y ante un equipo que tiene muy buena punteria. Sólo 8 triples, pero anotados en los momentos necesarios para apuntillar al rival. Partido totalmente resuelto antes de acabar el segundo cuarto. Daba igual lo que hiciera Majkovic, Obradovic le había ganado la batalla.

Es cierto que el Panathinaikos tiene una plantilla superior, que tiene nombres que por sí solos deciden el partido. Que Diamantidis es a Papaloukas lo que Patroclo es a Aquiles en la selección griega, pero que tiene personalidad y leyenda propia en el Panathinaikos. Que todas las líneas del equipo heleno están compensadas a gran nivel. Sí, es cierto. Pero el Panathinaikos se paseó por negligencia o inconsciencia del entrenador baskonista. Un entrenador que, digámoslo claro, fue contratado para ganar esta fase final, hasta tal punto que Querejeta en un acto de ética muy reprobable perdió la cabeza por su contratación sin dudar en dar la baja a un entrenador convaleciente.

Ayer ni ganó Panathinaikos ni perdió el Baskonia. Ayer ganó Obradovic con su preparación del partido y fracasó Maljkovic con su malísima interpretación del encuentro. Maljkovic podrá hablar de lo mal que han estado sus jugadores pero no reconocerá nunca que fue él quién les dejó vendidos en un momento crucial. Maljkovic destrozó la poética del Baskonia y ayer lo dejó desahuciado anímicamente. Se puede perder siendo inferior a un equipo como el Panathinaikos, pero no se puede hacer como ayer, porque estas derrotas duelen y más cuando del equipo se esperaba mucho más de lo que ofreció.


Cuando la tiranía militar se impone a la voluntad e ilusión de un pueblo.





El campeón puede repetir corona. El CSKA tiene la oportunidad de igualar a la Jugoplastika y al Maccabi como campeón que revalida su condición. Unos hablan de que tiraron la casa por la ventana en los fichajes como principal argumento de este equipo. No, esta temporada sólo han hecho el fichaje de Oscar Torres, el resto es el mismo equipo. Con todas sus virtudes y sus mínimos errores. La razón de la superioridad moscovita radica en su entrenador, un estudioso que ama la analítica de este deporte. Y ayer no fue menos. Unicaja perdió principalmente por carecer de equilibrio y tuvo bastante con plantar cara con dignidad, pero sin brillantez.

Ambos equipos mostraron sus cartas ya de inicio. Messina salió con su cinco inicial, Holden, Langdon, Torres, Smodis y Savrasenko, para analizar a su oponente. El campeón español se plantó con Carlos Cabezas, Marcus Brown, Jiri Welsch, Carlos Jimenez y De Miguel. Un pivot bajo y un alero que puede jugar de cuatro. Demasiada facilidad para el juego interior ruso que con sólo Savrasenko en pista ya tenía garantizados 3 rebotes defensivos y 1 ofensivo en apenas 7 minutos de juego. Mucho dominio bajo los aros pero el Unicaja con Carlos Cabezas se sentía cómodo anotando. El Unicaja se sintió dominador del juego hasta que Ettore Messina dijo basta. Situó a Papaloukas y sustituyó a Smodis por Andersen. Asegurar el control e incrementar el dominio en la pintura.

Con mucha tranquilidad, así transcurrieron los minutos de juego. El CSKA a diferencia de antaño, ha ganado en madurez y en bienestar en la pista. Cierto es que Unicaja plantaba batalla, pero el CKSA cerró el grifo de las mejores virtudes de Unicaja. Ayer Pepe Sánchez y Marcus Brown estuvieron desaparecidos. Y todo ello gracias a lo que anticipó Velimir, la defensa de Langdon y el buen hacer del Aquiles griego. El planteamiento ruso fue permisivo en exceso con Carlos Cabezas pero prohibitivo con las mejores bazas de Scariolo. A Messina le daba igual que Scariolo quisiera jugarle como hizo ante el Barça. Le importaba poco si quería buscar la emboscada en Atenas. Daba igual la osadía de su compatriota, Messina le obsequió con su propia medicina. Defensa de libro y concesión de sólo 5 tiros libres. Unicaja construyó la victoria a partir de los lanzamientos exteriores. Con Brown que lanzó 6, Cabezas y Tusek que lanzaron 4 cada uno, Rodriguez que lanzó 3 y así hasta 27 veces. Escasa imaginación ofensiva y espléndido blindaje defensivo de los rusos.

Pero con los tiros exteriores Unicaja estaba en el partido. Y la ilusión en el equipo andaluz crecía a medida que avanzaban los minutos. Un empate a 44 al final del tercer cuarto convertían en realidad las utopias cajistas. Y Scariolo al igual que ante el Barça quiso hacer un partido a tumba abierta. En aquel momento Messina decidió cerrar filas y apretó a sus jugadores. Ganar la victoria a partir de la mejor defensa en una fase final. Un último cuarto del partido para enmarcar. En 10 minutos Unicaja sólo anotó dos lanzamientos, y exteriores, y eso que el CSKA sólo cometió dos faltas en 9 minutos. Del empate a 44 se pasó a un 62 a 50. No sólo es mérito de los rusos sino demérito de los azulgranas. Cualquier equipo con una sólida defensa provoca estrías en los planteamientos de Scariolo. Lo hizo la Penya, lo hizo el Barça y lo hizo el mejor equipo de baloncesto en la actualidad. El campeón.

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viernes, mayo 04, 2007

Sobrevivir o morir




Muerte o gloria. Esta tarde empieza en Atenas la fase final de la Euroliga. La Final Four. El torneo de la supervivencia. Dos partidos para decidir quiénes serán los finalistas de la competición. Los mejores equipos de Europa del momento. En Europa no se premia ni la regularidad, ni la calidad, ni el banquillo. Ni la transición ofensiva. En Europa se corona al equipo con mejor espíritu de supervivencia. El que más y mejor defiende su territorio. Ser el mejor en Europa reúne estos valores, junto con el dominio de los intangibles, como la presión atmosférica en el OAKA, la presión del anfitrión, la mentalidad de los rivales y cómo no el arbitraje. Ser el mejor en Europa significa eso, dominar emboscadas, trincheras, profanaciones y las injusticias en el camino. Ser el mejor no viene determinado por un don divino sino por la naturaleza terrenal. Y eso veremos en Atenas.


Por eso el Barça sólo ha ganado una Final Four y tuvo que ser con Pesic. Por ese motivo entrenadores que han construido leyenda y método como Aíto nunca serán coronados. La belleza o la estética, o cómo magistramente nos definió Velimiren la teoría de las luces y las sombras, no tienen cabida en la historia de la Final Four. Todo es oscuro, barroco y gris. Toda canasta es celebrada como una azaña en un lugar donde se confunden el sufrimiento con la euforia. Marcadores entre los 50 y 65 puntos, muchas faltas y errores forzados. Y táctica, mucha táctica, no para ganar sino para simplemente sobrevivir. De eso se trata.Aunque se haga uso de la trampa.



Pitsilkas se vuelve a cruzar en el camino de Unicaja.




No está confirmado, pero todo hace sospechar que el árbitro de la emboscada en el Carpena volverá a arbitrar a Unicaja frente al CSKA de Moscú. Buena noticia para Scariolo e irrelevante para los de Ettore Messina. Buena noticia para Unicaja porque se tratará del árbitro idóneo para los planes de Scariolo para medirse de tú a tú con el CSKA. Sabemos que Unicaja no jugará al baloncesto y se intentará alejar de él tanto como el rival le permita. Unicaja se presenta sin pivots de garantías pero con una legión espartana que le ha hecho llegar hasta Atenas. Unicaja va a depender de tres elementos, Scariolo principalmente, y en segundo lugar por Pepe Sánchez y Marcus Brown.

De Scariolo ya sabemos la estrategia que va a utilizar, anular completamente a Holden a base de faltas y que Carlos Cabezas cometa un férreo marcaje a Papaloukas. De Scariolo sabemos que plantará una defensa zonal con un falso pivot intentando asegurar el rebote defensivo a partir de los exteriores. Tusek jugará muchos minutos infiltrado si hace falta mientras que De Miguel, jugador del que siento devoción, y Pietrus se antojarán imprescindibles en la pintura. No dejarán espacios y obligarán al CSKA a lanzar desde el perímetro. Para ello Scariolo estoy seguro que se habrá repasado el partido del Barça en Moscú en la primera fase.

Pero las bazas de Unicaja son Sánchez y Marcus Brown. Son los únicos argumentos de calidad de un Unicaja sin calidad pero mucho pundonor. Son imprevisibles, rápidos y que han estado en equipos campeones, Sánchez en el Panathinaikos y Brown en el CSKA. Son los únicos con experiencia decisiva en los momentos más trascendentales.

Por parte de CSKA Messina lleva tiempo desarrollando su planteamiento. Messina es con todas las letras, el catedrático del baloncesto europeo contemporáneo. Una plantilla diseñada para sus principios. Talento, sacrificio defensivo y fortaleza física. La columna vertebral inicial pasa por Holden, Langdon y Smodis mientras que la secundaria girará en torno a Papaloukas, Holden y Andersen. No descartaría que jugara con tres hombres altos, véase Smodis a un lado, Andersen por el otro y Savrasenko por el centro, aunque lo veo muy arriesgado e innecesario porque si busca superioridad física lo primero que hará será buscar un cinco inicial con Holden, Langdon, Oscar Torres, Savrasenko y Smodis. Andersen y Papaloukas para el segundo cuarto. Veremos como va, pero si el arbitraje no lo evita, me veo al CSKA pasando la eliminatoria.


La eterna escuela balcánica vuelve a marcar una eliminatoria.



20 años dan para mucho. Jugadores, equipos, patrocinadores, pero Bozidar Maljkovic y Zeljko Obradovic contínuan al frente y resisten en su hábitat natural. Las fases finales en la Euroliga. Maljkovic ganó la última precisamente dirigiendo al Panathinaikos. En aquel entonces Maljkovic era el especialista en forjar equipos campeones de Europa. Lo hizo con el KK Split, al que la historia lo recordará como la legendaria Jugoplastika, lo hizo con el Limoges frente al Real Madrid dominador de los 90, un día de estos el Real Madrid de los 90 merecerá un post en este espacio, y lo hizo con el Panathinaikos frente al enésimo intento de Aíto para coronarse. Maljkovic ha sacado petróleo de solares donde sólo habían piedras y cardos. Construyó el Unicaja competitivo y posteriormente hizo campeón de liga ACB al Real Madrid. Maljkovic me merece un respeto por ser lo que significa. Si Messina es el catedrático del baloncesto contemporáneo, Maljkovic fue el creador de la cátedra, junto con Obradovic. Su oponente esta tarde.


Obradovic es el máximo coleccionista de victorias, pero su legado no tiene tanto mérito como Maljkovic. Obradovic, como Messina, sólo forja equipos ganadores a partir de plantillas económicamente potentes. Ha hecho ganadores a equipos del potencial de líderes naturales. En el Partizan con Djordjevic, en el Joventut con Villacampa, y en el Real Madrid y Panathinaikos con Bodiroga. Pero el mérito de Obradovic ha sido con este Panathinaikos, igualmente competitivo pero creado a su imagen y semejanza. Deconstruyó su equipo alrededor de Bodiroga y construyó uno nuevo con Diamantidis, el actual líder de la pista junto a Alvertis que lo es dentro del equipo.

Si he de valorar el color de la eliminatoria, me uno a Velimir y creo en la victoria. Él quizás por pasión por unos colores, yo realmente lo pienso, lo cuál es peor. Panathinaikos tiene muchos más recursos pero el TAU tiene dos cosas que no tiene el equipo de Obradovic. Mejor mentalidad y mayor regularidad. Mientras que el equipo verde nos castiga con lo mejor y lo peor de sí mismo. Capaz de arrasar al Barça en su pista o de perder, aunque sea con los suplentes, de más de 20 puntos en el Palau. Un equipo campeón lo es en todos los partidos, y el Baskonia lo ha sido, ganando en la Paz y la Amistad, en el Palau Blaugrana y en la Mano de Elías. Y lo ha hecho con suficiencia y grandeza. Por eso creo en ellos, porque también tienen talento y porque después de tres Final Fours seguidas, alguna creo que merecen. Y cuentan con Maljkovic.


Velimir cree en la gesta.




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jueves, mayo 03, 2007

Tres entrenadores que reúnen 12 de las últimas 18 Euroligas

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Palabras, números, frases o estadísticas. Quizás un asíduo de este foro tenga razón y que esta Final 4 en Atenas es de las que menos se pueda hablar en la historia de las finales. Podemos confiarnos en ello o resistirnos a dar un vencedor por adelantado y reflexionar sobre las situaciones interesantes que se puedan dar. Quizás Atenas corone a Panathinaikos como campéon, pero eso no significará que sea menos emocionante, discursiva o interesante que otras finales. La Final Four actual, salvo que se demuestre lo contrario, siempre es más emocionante que la anterior. Desde la pista, equipos, jugadores y entrenadores. Todos actores dignos de un gran escenario para poner en marcha una excelente función. Podemos intentar adivinar el final pero sólo sabremos si realmente es así si nos sentamos en el televisor y se cumplen nuestras espectativas.

Ayer hablamos de los bases de cada equipo y de cómo Ettore Messina se adelantó a su tiempo. El baloncesto es algo más que unos jugadores en la pista y unas tácticas mejor o peor entrenadas. Hubo un día que señalé que en el baloncesto los entrenadores también juegan, y en la Final Four también lo hacen. Ni más ni menos que los campeones de 12 de las últimas 18 Final Four. Zeljko Obradovic con 5, Maljkovic con 4 y Messina con 3 Euroligas reúnen tal cantidad de títulos. Un campeonato que sólo han conseguido ganar cinco entrenadores más en estos últimos 20 años; Pini Gherson con 2 en el Maccabi y Mike D'Antoni, Svetislav Pesic, Dusan Ivkovic y Jonas Kazlaukas con 1 Final Four cada uno. Curiosamente ningún técnico español, ni griego. Una fase final dominada por los entrenadores balcánicos y un entrenador italiano incapaz de sucumbir a tal poderío.

En esta Final Four se enfrentan las dos escuelas que más han avanzado, e influido en este tiempo, en el baloncesto europeo. La Balcánica y la italiana. Con los dos mejores exponentes por cada bando, nadie mejor para representar a ambas escuelas que Maljkovic y Obradovic por parte serbia y Messina y Scariolo por parte transalpina. Scariolo es el único de los cuatro entrenadores que se estrena en una fase final en esta competición. También, a sus 46 años, es el más joven de los cuatro y sólo dos años menor que el maestro Messina. Aunque Scariolo lo compensa habiendo llevado al Unicaja a la Final Four siendo antes el campeón de la liga ACB. Algo que también han hecho Ettore Messina con el CSKA en la liga rusa y Obradovic con el Panathinaikos en la griega. Sólo falta Maljkovic, pero éste llegó hace dos meses al Baskonia, siendo éste subcampeón de la ACB la temporada pasada. Por lo que, ¿hablamos, con sus luces y sus sombras como diría Velimir, de los cuatro equipos más regulares de Europa?




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miércoles, mayo 02, 2007

Otra Final Four marcada por los bases



La Final Four de la pasada temporada nos enseñó que, para aspirar a ganar un torneo, había que tener a uno de los mejores bases de la competición. En aquel entonces tanto el Barça con Shammond Williams, el Maccabi con Will Solomon, el TAU con Prigioni y el CSKA con Papaloukas evidenciaron esta tendencia. Al final el más competitivo fue el que tenía mayor equilibrio en todos los aspectos, el CSKA, que reunía al mejor entrenador, Ettore Messina, el mejor base, Papaloukas, el mejor tirador, Trajan Langdon el francotirador de Alaska, y el mejor juego interior con Smodis, Savrasenko yVan der Spiegel, faltando la joya de la corona como el danés David Andersen que se pasó media temporada lesionado. Para estar en la fase final debes contar con un buen base pero para ser competitivo debes tener mayor equilibrio, pero Messina tuvo un detalle para anunciarnos meses atrás el secreto para ganar un torneo. Tener otro base de calidad para ser ganador. Y en el CSKA estaba Holden.

Valga reconocer que el CSKA se midió al Barça en la semifinal, una semifinal en la que el Barça era un equipo muy simple pero que estaba ahi gracias a Shammond. Williams, era la imagen del Barça, el líder en la pista y capaz de lo mejor y de lo peor en un partido. Gracias a él el Barça llegó tan alto con una plantilla muy justa. Con un Navarro claudicando ante la evidencia y un juego interior que daba mucha pena, con el hermanísimo, Marconato, Kakiouzis y Fucka tirando del carro. Lo cierto es que las opciones del Barça pasaban por un estelar Williams y que la experiencia de Fucka nos llevara a la final. Y se cumplió, el Barça dominó la situación gracias a estos dos pero no se supo gobernar el partido en los minutos finales. Ahora se habla del tercer cuarto pero la temporada pasada eran los últimos cinco minutos del partido. Hubo quiénes sostenían que fue el arbitraje el que alejó al Barça de esa final, yo sostuve que más que el arbitraje fue el vértigo por ganar.

Sin embargo el CSKA mostraba una apuesta innovadora. Dos bases excelsos que se combinaban a la perfección, Holden y Papaloukas. Podían jugar juntos o reemplazar uno al otro. Daba igual pero el entrenador contrario no sabía como alterar la propuesta de Messina. Ivanovic perdió la batalla de los bases cuando Holden y Papaloukas permanecieron en pista. Anularon a Williams y se hicieron amos de la posesión. Ambos con 19 puntos neutralizaron los 24 puntos del base azulgrana. La final contra el Maccabi sucedió lo mismo, por parte hebrea estaba Will Solomon que jugó 35 minutos del partido mientras que Papaloukas y Holden contrastarrestaron por parte moscovita. Messina se adelantó a su tiempo y dió una guía segura de como ganar un torneo.

En las selecciones tomaron nota Pepu Hernández en la selección española y Giannakis por parte griega. Ni americanos ni argentinos tomaron nota de ello al confiar sólamente en Chris Paul y Pepe Sánchez. Quién tenía más de dos bases de calidad estuvo en la final. Pero una vez más se evidenció que los cuatro mejores equipos tenían a los cuatro mejores bases titulares, con Calderón, Papaloukas, Chris Paul y Pepe Sánchez. Estuvieron en la final los que tenían mejores gregarios, la selección de Pepu con Carlos Cabezas y la griega con Diamantidis. La argentina no supo valorar el talento de Prigioni.

Messina se adelantó a todos y el resto de entrenadores no dudaron en copiarle el método. Bajo la máxima que todo equipo debería reunir más de dos bases se construyeron las plantillas que deberían disputar el cetro europeo a los rusos. Dos de los cuatro equipos ya reunían a dos bases de calidad en sus plantillas. Unicaja con Carlos Cabezas y Pepe Sánchez y el CSKA con los mencionados Holden y Papaloukas. Los equipos que cambiaron fueron el Panathinaikos con Diamantidis y Tony Delk y el TAU por partida triple con Prigioni, Rakocevic y Planinic.

Lógicamente hay muchos condicionantes para aspirar a la final. El Barça, a parte de sólo disponer de un sólo argumento como era Williams, tuvo vértigo y el arbitraje tuvo su importancia. El TAU cayó contra el Maccabi por los intangibles, ya que no es lógico en una semifinal encajar 51 puntos en la primera mitad. Influyó también la inexperiencia de Perasovic ya que no es lógico perder de 20 puntos en apenas 15 minutos de partido. También influye la táctica, y Pini Gherson y Messina son especialistas en la pizarra. Todo influye, es lógico, sin eso el baloncesto sería un deporte sencillo sin apenas emoción que se resumiría en el papel de dos jugadores. Es algo más, pero Messina se adelantó y curiosamente los equipos que mejor le han sabido copiar están allí, en Atenas.




Foto: En portada, Papalokas y Holden frente al base titular del Maccabi Will Binum.



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